Category Prólogos

El cigarrón

cigarron

Prólogo

 

…para que el vuelo siga y retorne vivo

como acabado de salir

del centro amarillento de las margaritas.

 

El cigarrón – Elizabeth Schön

 

El entomólogo Auguste Magnan y el ingeniero André Saint-Lague, comprobaron que científicamente y de acuerdo a los cálculos que se derivan de la teoría aerodinámica, la fuerza de sustentación en las alas del cigarrón, no era lo suficientemente apropiada para que éste levantara vuelo. Por su parte, el equipo de científicos japoneses conformado por Hiroyuki Iwamoto y Naoto Yagi, utilizando una máquina de rayos X de alta velocidad (5.000 capturas por segundo), decodificaron el mecanismo de su vuelo, sin poder encontrar una teoría o solución plausible que explicara por qué esta criatura podía mantener su cuerpo en el aire...

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Del río hondo aquí

“El gran Tao es río que se divide para volver luego a juntarse

Se divide de izquierda a derecha

Los diez mil seres viven de Él y Él a nadie se niega

Obra y no pregona su obra

Viste y nutre los diez mil seres y no se enseñorea de ellos

Su perpetua falta de ambición lo hace parecer pequeño

Pero al no enseñorearse de ellos, los diez mil seres vuelven a Él y se hace grande”.

Capítulo 34 del Tao Te Ching

Yo estoy aquí, en el borde. Cierro los ojos y las puertas para empezar a ver la hondura del río, su profundidad oscuramente luminosa y secreta. Mas, ¿cómo conocer su rostro en este aquí, cómo saber si ese presentido rostro es el de ella –su esencia-, cuándo aún no alcanzo a tocar su centro oscuro, primigenio, de necesidad y empuje?, ¿cómo penetrar en su cuerpo doble de aguas fluidas que son y no son, que expresan toda la posibilidad universal y al mismo tiempo el flujo y reflujo de las formas?...

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La flor, el barco, el alma

Mas ella

la de siempre más

como nunca ha vivido en los campos

ni en las montañas

jamás se desprende

 

Yo entro en el corazón de esta flor, donde no caben el pie / la mirada , la razón, tal como salí al mundo, a la existencia, con una terrible sensación de desprendimiento, de haber sido separado, para nacer a una dualidad que conforma la división entre mi yo y ese mundo. Al salir a la luz, que hace las cosas visibles a nuestros ojos, experimentamos el cambiante y múltiple mundo de la vida y la muerte, de la creación y la disolución, del tiempo y del espacio. Esa visión es a su vez transitoria, fugaz, impermanente: El nacimiento es una luz

Sin embargo, esta otra luz que empieza a iluminar mi desamparo y mi temor,  esta especialísima luz que emana de aquella flor y que me hace volver el rostro hacia su centro -donde somos capaces de ver lo invisible- oscurece lo visible, lo múltiple, lo manifiesto. ¿ Quién es esta flor tan blanca, en blanquísimo oro / sin reflejo alguno ...

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