2-Segunda visión, Los primeros alfabetos

II

Los primeros alfabetos

La primera letra beth … en el principio.

La letra M mem o el movimiento de las aguas (décimo tercera letra del protosinaítico)

La cualidad femenina de los alfabetos

El alfabeto de los árboles

 

Los Primeros Alfabetos

Los cuerpos vibran, la materia creada y visible tienen resonancia, pero lo que lo que la hace vibrar es la energía. Los astrofísicos contemporáneos han descubierto (más bien han redescubierto) que el sonido es un movimiento vibratorio que trasporta energía sin trasportar materia en forma de ondas mecánicas… el sonido es en consecuencia la evidencia de esa energía creadora, que es percibida como fenómeno auditivo. El mundo se recrea constantemente y se reconstituye a través del sonido.

El Lama Anagarika Govinda decía que El secreto de la potencia oculta del sonido o de las vibraciones, que proporciona la clave de los misterios de la creación y de la fuerza creadora, al igual que descubre la naturaleza de las cosas y de los fenómenos vitales, era bien conocido por los antiguos, los sabios de los Himalayas, los “magos” persas, los adeptos mesopotámicos, los sacerdotes egipcios y los iniciados griegos. Los átomos tienen movimiento, ritmos o vibraciones que producen notas, sonidos. Todas estas notas o vibraciones forman una armonía universal, en la que cada elemento, aún conservando sus características y sus funciones particulares, contribuye a la unidad del conjunto.

El sonido de un mantra no es una vibración física, aunque esta puede acompañarlo, sino un sonido espiritual. El oído es incapaz de percibirlo, pero sí puede hacerlo el corazón. La boca no puede pronunciarlo, pero sí puede pronunciarlo el corazón.

Lo mismo que una fórmula matemática no transmite su potencia más que aquel que conoce el significado de su símbolo y las leyes y los métodos de su aplicación, el mantra no puede dar poder más que a aquel que consciente de su esencia, el que conoce sus modos de aplicación, al que sabe que es el medio idóneo de despertar a las fuerzas que duermen dentro de sí mismo.

La mística francesa Alexandra David-Nell, en su libro Viaje al Tibet, describe a un Maestro del Sonido que declara que todos los seres y todas las cosas son conglomerados de átomos que bailan y producen sonidos a través de su movimiento. Cuando el ritmo cambia, cambia también el sonido que emiten. Cada átomo canta constantemente; su aire y el sonido crea a cada instante formas compactas o sutiles según su mayor o menor materialidad.

El hombre contiene dentro de si, los elementos resonantes de la creación, por ello es capaz de sintonizarse  con las vibraciones que animan al universo. Esa vibración que se manifiesta a nosotros en forma de sonido en el plano físico y en éxtasis en el plano anímico, es captada por el ser humano a través de todos sus elementos sensibles perceptivos e intuituvos. Ese diálogo entre universo y ser humano se complementa con la aparición del sonido humano. La reproducción perfecta que hace el hombre con su voz de los sonidos universales y abstractos del universo y de los sonidos francamente manifiestos a su mundo sensible como los sonidos del planeta que habita: el sonido de las aguas, de los vientos y de la naturaleza. El hombre recrea el mundo a través del sonido. Es así entonces como el ser humano es receptor de las vibraciones implicitas en la dinámica de la creación y a su vez es emisor de esas mismas vibraciones a través de su voz constituyendo así, un proceso de simbolización sonora del mundo que lo rodea.

Esta simbolización sonora desembocará en la simbolización escrita que pueda reflejar de manera permanente e indeleble al mundo sensible en primera instancia (y posteriormente el mundo psíquico). Nacerán los primeros alfabetos, las primeras letras que ordenarán de alguna manera el lenguaje dialogante entre el hombre y el universo y entre toda la especie humana. Inicialmente los sonidos que emitía el hombre simbolizaban a través de geroglíficos  y símbolos gráficos, las formas manifiestas y visibles de su entorno como las formas de la naturaleza, su propio cuerpo y algunos fenómenos naturales. Más adelante surgiran símbolos más complejos, que involucran y abarcan eventos en toda su dinámica, como la labranza de la tierra y la caza de animales, todas estas actividades del hombre ejecutadas con sentido sagrado y vinculante, precedidas o sucedidas por rituales que también fueron simbolizados a través de letras y símbolos, hasta llegar a la simbolización de todas las actividades cotidianas y extraordinarias del hombre en su mundo.

Las relaciones entre lo creante y lo creado…

Como todo en el primer principio o inicio, ese desplegar del verbo en la palabra es sagrado. La sacralización de la palabra es entendida y asumida por el hombre en tanto lo conecta con la vertiente y la dinámica de esa creación. Para el primer hombre la creación es emanación pura de lo creante, que a través de la energía se transforma en criatura. La palabra entonces es la que conecta la potencia con la forma. Lo invisible y lo visible en realidad son un mismo proceso dinámico de creación y re-creación. Llamamos visible a lo que ven nuestros ojos, y forma o materia sólida lo que podemos tocar, escuchar, oler y saborear. Más sin embargo el fenómeno de esa percepción es mental, se produce en la esfera de la mente. La palabra en este caso es la que reconstituye el mundo visible y perceptible. El mundo perceptible a través de los sentidos biológicos, reconstruido a través de la palabra. Más sin embargo la palabra también trae a la consciencia perceptiva del hombre lo invisible, los atributos de lo creante, de la potencia. Esta síntesis que recoge la palabra, es decir: la expresión y la manifestación de lo divino creante en primera instancia, la energía vital que lo impulsa a crear y lo mantiene en estado vital en segunda instancia, y la representación mental del mundo visible, como instancia máxima o medio conector entre los tres pasos iniciales del proceso creador. La palabra es el logo el verbo inicial y por tanto el medio por el cual la divinidad creante inicia su emanación y su desdoblamiento hacia la multiplicidad. Igualmente la palabra es la continente de esa energía en cuanto vibración emanada y la forma en la que el mundo se reconstituye en la psique del ser humano en todo el esplendor de su multiplicidad de formas.

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Antes de su desdoblamiento, las letras forman en su unión -posterior a los primeros inicios- las palabras. Sin embargo, cada una de ellas por sí mismas y de manera individual emiten y contienen su propia vibración. Cada letra y el sonido que replica formará parte de ese sistema de correspondencias cósmicas, donde todo a su vez se replica a sí mismo en secuencias. En otras palabras las “letras” tiene una característica que las asemeja o las hace “fractales”. Los geroglíficos Egipcios contienen y expresan la realidad “externa” o circunstancial del mundo, al mismo tiempo que la realidad esencial de los procesos anímicos e internos de la psique del hombre. En otras palabras, este sistema es capaz de expresar la realidad total: tanto la visible como la invisible. Los elementos silábicos, fonéticos e ideográficos representan todos las aspectos de la creación. Por ejemplo, “el águila” (que en este caso no es palabra sino una primera representación fonética-simbólica) expresa la misma esencia de la creación, la esencia de la vida, su sentido, el principio divino. Los egipcios replicaban en el marco del “microcosmos” ese mismo logos en términos humanos. Esa razón divina que aproxima al hombre a la divinidad. Igualmente están representados los movimientos esenciales y espaciales de esa creación. El ascenso y el descenso, pero sobre todo algo se repetirá con permanencia cualquiera que sea el sistema de asociaciones de la palabra pronunciada por el hombre, y cualquiera que sea el aspecto del mundo o los mundos que quiera expresar: la espiral. De una manera conmovedora vemos en casi todos los sistemas alfabéticos este signo, sintiendo por ello que al principio y al final, toda la creación se sustenta en la Belleza, pues tanto lo artistas, los pensadores y los científicos coinciden y se embargan ante la disposición numérica y estética de esta figura. Hoy en día bien se trate de la visión de un astro-físico o la de un santo, esta tendrá la forma de espiral.

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El proceso trascendente más logrado en cuanto a la descripción de esa conexión de la palabra con lo divino y la materia creada, así como el proceso que se manifiesta durante ese despliegue, es sin duda alguna la kábala hebrea. Aunque más adelante hablaremos con detalle de este proceso, cuando se llegue al estado de la “mística de la palabra”, en esta charla segunda podemos adelantar que las letras en sí-mismas y entra cada una de ellas forman un tramado que representa el proceso de emanación de la creación, la multiplicidad y la infinitud de relaciones entre sus elementos dinámicos, así como los planos o esferas en los que va desplegándose y transformándose en forma de árbol. La raíz, el eje y la multiplicidad, el arriba y el abajo, lo vertical y lo horizontal.

Es por ello que sin duda hemos de tomar el alfabeto hebreo y su antecesor el Protosinaítico, como el primer alfabeto conformado y estructurado de principio a fin. Por ello su cualidad sagrada, emanante, especialmente porque esta explicación alfabética del mundo, es abarcante en cuanto explica no solo al mundo en sí-mismo, si no al proceso creador en todas sus instancias.

La letra Beth… en el principio

Beth…la primera letra   Bereshit la primera palabra del Génesis

Bereshit bara Elohim eth hashamaïm v’eth h’areths; o sea: “En el principio, Dios creó los Cielos y la Tierra”.

El libro del esplendor…

“Antes que nada, el Rey hizo posible la transformación del vacío en un éter transparente e imponderable. Después, por un misterio de los más secretos, ese fluido se transformó en un gas sin ninguna configuración ni color. Sólo cuando el Rey dio contornos a la materia, se originó esa variedad de colores que, en realidad, no existe (…). Así, con el sonido del verbo, el infinito golpeó en el vacío; por tanto, el sonido del verbo constituyó el principio de la materialización del vacío. Pero esa materialización se hubiera quedado siempre en el estado de imponderabilidad si, en el momento en que golpeó al vacío el sonido del verbo, no hubiese surgido el punto deslumbrante, origen de la luz, que constituye el supremo misterio y del cual la esencia es inconcebible. Por esta razón, el verbo se llama principio” (Zohar, I, 15a).

La letra Mem… el movimiento de las aguas

La letra Mem o el movimiento de las aguas (décimo tercera letra del protosinaítico)

La mem… la letra del “agua” (maim), simboliza la fuente de la Sabiduría Divina de la Torá. Así como las aguas de una fuente material, (manantial), ascienden desde su desconocido origen subterráneo, (el secreto del abismo en el relato de la Creación) para revelarse sobre la tierra, también la fuente de la sabiduría expresa el poder de fluir desde su origen supraconciente. En la terminología de la cábala, este flujo es desde keter (“corona”) hacia jojmá (“sabiduría”). Esta corriente es simbolizada en Proverbios como “la corriente que fluye, la fuente de la sabiduría”.

Kabalah

El árbol de la vida….las 10 esferas

Del seno mismo de la Divinidad Oculta o Infinito (el Ain Sof), surgió un rayo de luz que dio origen a la Nada (Ain), identificada con una esfera (sefirá) o región, que recibe el nombre de Kéter (‘corona’). A partir de esta corona suprema de Dios emanan otras nueve esferas (las sefirot). Estas diez esferas constituyen los distintos aspectos de Dios mediante los cuales éste se automanifiesta.

Zóhar o Libro del Esplendor, Simeón Ben Yojai

Kéter        (La Corona. Providencia equilibrante).

Jojmá       (La Sabiduría).

Biná          (La Inteligencia siempre Activa).

Jésed        (La Misericordia. Grandeza).

Gevurá     (La Justicia. Fuerza).

Tiféret      (La Belleza).

Nétsaj       (La Victoria de la Vida sobre la Muerte).

Hod           (La Eternidad del Ser. Gloria).

Yesod       (El Fundamento. La Generación o piedra angular de la Estabilidad).

Maljut      (El Reino. Principio de las Formas).

El lenguaje es creador y la Torá contiene todos los textos, todas las combinaciones que pueden darse para crear otros mundos y otras realidades. Los Kabalistas entienden que el nombre de Dios está formado por todas las letras que componen el alfabeto y que éste, por tanto, tiene múltiples formas. Dios se sirvió de las letras para crear el universo a través de sus emanaciones o sefirot

La cualidad femenina de los alfabetos

Ella….la Shekinah

La intermedaria… La Shekinah es el aspecto accesible de Dios para el hombre… la que impulsa la palabra, el verbo y lo hace materia, lo concibe, lo da a la luz, lo nutre y lo mantiene. Ella es quien devela el Esplendor.

La Shekhinah es sostenida por algunos para representar los atributos femeninos de la presencia de Dios (Shekinah ser una palabra femenina en hebreo), basada sobre todo en las lecturas del Talmud… Ella es el asiento, la casa de la palabra.

Ella es el espíritu santo,  la energía primordial, la energía transformadora.

EPANOUISSEMENT …palabra arcaica que significa eclosión total y repentina

Esta palabra arcaica, vértice originario del verbo, nos da la visión de una eclosión, de una floración múltiple. Fuerza abstracta y fuerza conformante, materia pura y materia visible , energía y forma. Este doble paso capaz de unir el verbo con la forma, la voluntad con la materia creada y regida por un orden, tiene a su vez un triple supuesto, una hipóstasis de creación… y esa energía o Elan Vital que produce la transformación y la contención. Lo continente, esférico es femenino…la palabra, los alfabetos contienen el secreto de la creación.

Esa mujer es un árbol

Tu gran Epifanía

Un hombre cae para levantarse

Por la tierra y por las aguas

Su alma verde

Como el manantial de sus raíces

Que las hace crecer.

Higuera de las pagodas

Eterna libertad tras la caída

Lloramos como ella

Sobre esta montaña invertida

La permanencia del centro

La permanencia de tu belleza

Una rama infinita

En la joya más profunda de tu pecho

Cuerpo del espíritu

Que ya no es padre ni hijo

Sólo necesidad y llanto

A los pies de ese árbol

Que yo llamo mi madre

El tronco del Mayo florecido fue mi madre

Sobre la tierra

Sobre las aguas me desprendo

La caída me anuda

Me vincula a sus raíces

Yo,  que amo el rumor

De las hojas del sicomoro

El alfabeto de los árboles

El alfabeto de los árboles, también conocido como alfabeto Ogham o como “Beth-Luys-Nion” se compone de 13 consonantes y cinco vocales. Cada una de éstas letras se corresponde con un árbol o arbusto del que es inicial. Cada un de éstos árboles posee pues, un valor simbólico específico. Naturalmente, este alfabeto se utiliza con fines adivinatorios, aunque también para elaborar acertijos. Era la base simbólica que expresaba el lenguaje poético del hombre celta. Mediante este sistema de símbolos arbóreos, se manifestaba el culto por la Diosa Madre y de la magia invisible que religa al hombre con el ánima del mundo, con la Magna Mater, con aquella que está siempre grávida y pariendo las formas, la materia y lo visible. De esta manera se establecía una correspondencia con los meses, con la entrada del invierno y del verano, con los ciclos lunares y solares, con la venida de las aguas y los tiempos de fertilidad.

El calendario celta

Cada una de las consonantes del alfabeto Ogham, se corresponde con un mes del año. Se sabe que el calendario celta es un calendario lunar formado por trece meses de 28 días más un día. Probablemente, esta forma de medir el tiempo haya sido introducida entre los pueblos celtas. En efecto, en los poemas y mitos irlandeses más antiguos, se encuentra con frecuencia la expresión “un año y un día”. Según el poeta Robert  Graves, este alfabeto antiguo y mágico fue la base de la escritura secreta que expresaba el mito poético. La explicación poética del mundo a través de la correspondencia y la sintonía cíclica del ser humano con la luna, con la naturaleza y con el misterio de la vida.

Abedul (Beth)

Mes lunar: 24 de diciembre / 20 de enero

Nombre galés: Bedwen

El primer árbol de la serie es el abedul, que se reproduce a sí mismo. Es el árbol del comienzo. También se relaciona con la reparación (en Europa se utilizaban ramas de abedul para azotar a los delincuentes o a los locos, y también con fines de exorcismo). Otro uso ritual de las ramas de abedul es el de expulsar a los espíritus del año viejo.

El abedul es símbolo de la renovación: lo que vuelve a nacer. Esto se debe a que es de todos los árboles del bosque, el primero que echa nuevas hojas.

Fresno silvestre (Luys)

Mes lunar: 21 de enero / 17 de febrero

Nombre galés: Gerdinen

El segundo árbol es el fresno silvestre, llamado el “árbol de la vida”, y esta relacionado con las fuerzas del Más allá. Sus zarzos redondos eran utilizados por los druidas para obligar a los demonios a responder preguntas prohibidas. Es también considerado amuleto contra toda clase de hechizos de las brujas. En Irlanda, antes de una batalla los druidas encendían fogatas de fresno silvestre y pronunciaban conjuros sobre ellas para atraer las fuerzas ocultas en favor de su ejército. Efectivamente, la antigua vara de los hechiceros, era de fresno silvestre.

Vid (Muynn)

Mes lunar: 2 de septiembre / 29 de septiembre

Nombre galés: Gwynwydden

El décimo árbol es la vid. Es el árbol de la alegría y del alborozo, pero también de la ira. El hecho de relacionar estos dos conceptos aparentemente contrarios se explica seguramente por su analogía con los efectos posibles del vino sobre el ánimo del bebedor.