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Editorial Diosa Blanca


Panayía

Madre nuestra que estás en la tierra,  la profunda, la sumergida, la dueña de las casas de la vida, la dueña del amor que nunca pasa. Hacia tu cuerpo  vivo vamos para besar tus pechos. De tu vientre sale el secreto para luego retornar a ti. Por el espíritu del valle, por el espíritu oscuro del río, nos acoges, nos contienes y abres las puertas con un abrazo de semilla y excedente. La de los ojos vigilantes, la que escucha los lamentos del mundo, la tejedora, la sabia, novia mía, amante mía, esposa mía, como una boca a través de otra boca, como la roja llama del deseo, como el oscuro soplo del verano, sé que estoy vivo, sobre tus pechos, sobre tu vientre, sobre tu boca y que vivo y crezco para ti.

Edgar Vidaurre

Del poemario Panayía